Valentín Penna, con el deseo de escribir su propia historia

El joven preparador, que comenzó exitosamente su campaña en 2020, es la cuarta generación de una distinguida familia de entrenadores argentinos.


 - Mario Peppe
Valentín Penna, junto a Dickinson, en el stud en el que trabaja en el campo 2 de San Isidro.

Valentín Penna nos recibió junto a su padre Julio en el stud 58, sobre la calle principal del Campo 2 del hipódromo de San Isidro y, antes de tomar asiento, ya comenzó su relato. "Tengo 23 años, nací el 12 de mayo de 1997. A los 6 años comencé a acompañar a mi padre al stud, pero me metí de lleno en el mundo de las carreras en 2010. Recuerdo que por aquel entonces estaban Flor De Luhuk y Es De Maggy, entre otros caballos que entrenaba papá y que me marcaron", señala Valentín. Una venció en tres de sus cuatro intentos; la otra, en nueve ocasiones.

"Al año siguiente disfruté de la primera campaña de Todo Un Amiguito y de la segunda de Es Richard y ya no hubo manera de escapar de esta pasión. Luego me dediqué mucho a aprender de genética, porque mi padre siempre me dijo que de la nada no sale nada, siempre hay un por qué. Yo creo que un entrenador, además de saber varear, debe conocer el padre, la madre, los abuelos y los hermanos de su caballo", describe el joven entrenador.

Todo un Amiguito (Mutakddim), actualmente padrillo, fue favorito en la Polla de Potrillos de su camada, cuando llegó tercero y perdió el invicto. Hasta el año siguiente estuvo en manos de Penna, antes de pasar a las de Ernesto Romero. Es Richard (Espaciado) se impuso en siete ocasiones, dos de ellas clásicas; era un fondista.

Se corta momentáneamente el relato mientras Valentín acaricia a uno de sus pensionistas. Ángel Juan fue el primer entrenador en la familia, el bisabuelo de Valentín y fue quien pudo cortarle la racha a Francisco Maschio de 10 estadísticas al hilo. Tuvo dos hijos: Julio Félix y Ángel Alberto. Julio Félix ganó 10 estadísticas en la Argentina, y, de hecho, hay un clásico de la milla en Palermo para potrillos debutantes que lleva su nombre. Ángel Alberto se fue a cuidar al exterior, fue Salón de la Fama, ganó dos veces el Arco de Triunfo y durante cuatro años fue el cuidador del año en Francia; en Reino Unido también peleó la estadística.

"Luego seguimos Mariano, María de los Ángeles, Marisa y yo, todos ligados al turf y ahora es el momento de Valentín, que está en plena etapa de aprendizaje", suma Julio, presente en la charla, cuando se pone sobre la mesa el árbol genealógico, y cómo y cuántas son las generaciones de entrenadores de apellido Penna. Asiente y no suma tanto sus éxitos personales como de los de su hermano Mariano. Aquel clásico Penna que se menciona, para potrillos debutantes, es el del estreno triunfal que tuvo Todo un Amiguito en 2011.

Valentín es testigo y protagonista de la descripción. Enseguida, cuenta cuándo fue el momento en que se decidió a entrenar caballos de carreras y pasar a inaugurar la cuarta generación de entrenadores. "Marisa ayudaba a papá en el stud, pero por un problema menor de salud dejó de venir el pasado año y yo la reemplacé. A partir de ahí y con la ayuda de mi padre, decidí que quería empezar a cuidar. Por suerte, los resultados llegaron rápido", confiesa. Y agrega: "La primera carrera que ganamos con mi patente fue con Tenten Go y luego, con Dickinson. Con esta última les estoy muy agradecido a la gente del Haras Pozo de Luna, que confiaron en mí para arrendármela".

Ya tomó nota en este tiempo de lo que significa ser preparador. "Esta es una profesión tan apasionante como dura; tenés que estar siempre fuerte y preparado para recibir los golpes de un mal resultado. Cuando debuté como entrenador lo hice con Dickinson. Por como andaba confiaba en que iba a ganar y llegó séptima. Por suerte, hubo revancha enseguida", señala, entre risas, Valentín, que ahora quiere escribir su propia historia.



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